El 21 de agosto de 2026, un significativo número de ciudadanos se congregó en diversos centros de atención al cliente, enfrentando tiempos de espera que superaron las dos horas. Esta afluencia masiva se debió a la interrupción en el acceso a servicios de llamadas y datos móviles, lo que generó una creciente inquietud entre los usuarios que buscaban recuperar la funcionalidad de sus líneas telefónicas. Durante esta situación, los módulos de atención se centraron exclusivamente en las líneas con terminaciones cero y uno, lo que limitó aún más la capacidad de respuesta ante la demanda generada.
La crisis de conectividad ha llevado a muchos a cuestionar la seguridad de sus servicios telefónicos. Ante la posibilidad de perder el contacto con familiares y amigos, los usuarios se vieron obligados a buscar soluciones rápidas. Mientras tanto, los centros de atención se vieron desbordados, lo que provocó un descontento generalizado entre quienes esperaban ser atendidos. Esta situación evidencia la dependencia creciente de la ciudadanía hacia las telecomunicaciones en el contexto actual.





